Capítulo 24. La Autopoiesis de la Máquina Vacía y el Teatro del Orden Público

1. La Biología de la Resolución vs. La Industria de la Gestión

En los capítulos anteriores hemos asistido al desmoronamiento del sentido común biológico. Hemos visto al Estado occidental obligar al ciudadano honesto a indemnizar al criminal herido, procesar a los médicos por no haber garantizado el imposible “riesgo cero” y paralizar a las fuerzas del orden frente a las devastaciones urbanas. Frente a este suicidio de ingeniería, la mente lógica se plantea una pregunta ineludible: ¿cómo es posible que legisladores, magistrados y élites, dotados de altísima inteligencia cognitiva, sigan emitiendo sentencias y leyes que agravan la enfermedad?

Para responder, debemos introducir una distinción económica y termodinámica fundamental: la diferencia entre la Resolución de un problema y la Gestión de un problema.

Nuestro ADN y nuestro motor predictivo nos han precableado para resolver los problemas de la comunidad. En un ecosistema orgánico, si un patógeno ataca la red (ej. un ladrón, un individuo violento, un perturbador en serie), los nodos sanos y el Vector Vertical intervienen con la máxima Inmediatez Termodinámica: usan una fuerza proporcionada, neutralizan la amenaza, castigan o expulsan la anomalía. La resolución es un acto biológico a coste cero (o bajísimo) para el sistema a largo plazo. Una vez eliminado el problema, la red vuelve a un estado de reposo fisiológico.

Pero la “resolución a coste cero” es el mayor enemigo de la burocracia moderna. Es aquí donde interviene subrepticiamente la ideología de los Derechos Humanos positivos e inalienables. Al imponer el dogma de que el criminal o el desviado nunca puede ser castigado físicamente, expulsado o neutralizado definitivamente en el acto debido a su intocabilidad constitucional, el Estado ha prohibido la Resolución y ha impuesto la Gestión.

A diferencia de la resolución, la “gestión” de un patógeno es un proceso lentísimo, cronificado y, sobre todo, extremadamente costoso. Requiere comités, trabajadores sociales, abogados de oficio, programas de reeducación fallidos, psicólogos, años de audiencias y papeleo. La prohibición impuesta al ciudadano (o al policía) de actuar como anticuerpo resolutivo no es un capricho filosófico: es la creación de un monopolio económico. El Estado prohíbe apagar el incendio porque ha construido una industria colosal alrededor de ese mismo fuego.

2. La Neurobiología de la Máquina Vacía: El Concepto de Autopoiesis

Para comprender la crueldad de este mecanismo, debemos abandonar la ilusión romántica de que el Estado moderno es una institución nacida para hacer el “bien” que simplemente está cometiendo errores de cálculo.

El neurocientífico y psiquiatra Iain McGilchrist (2009) ha revelado el origen neurológico de esta ceguera. Nuestra sociedad ha caído bajo el dominio absoluto del hemisferio izquierdo del cerebro: excelente para crear protocolos burocráticos rígidos, pero clínicamente ciego a la visión de conjunto y a la realidad viva. Las élites razonan a través de una estructura que se desentiende del organismo vivo para concentrarse obsesivamente en el procedimiento muerto.

Cuando todo un aparato estatal es gobernado por este enfoque, la comunidad degenera en una Máquina Vacía. Y es aquí donde la biología y la sociología nos proporcionan la palabra exacta para describir su naturaleza: Autopoiesis. Acuñado por los biólogos Maturana y Varela (1973), el término define la capacidad de un sistema para mantenerse y reproducirse continuamente a sí mismo. El sociólogo Niklas Luhmann (1984) trasladó genialmente esta intuición a la modernidad, demostrando que el Derecho y la Burocracia se han convertido en “sistemas autopoiéticos cerrados”: ya no se comunican con las necesidades reales de los ciudadanos; se comunican solo consigo mismos con el único propósito de autoconservarse.

La Máquina Vacía ha cortado su vínculo con el Objetivo Intrínseco (la seguridad de los nodos). Su único fin es justificar sus propios salarios y aumentar su propio poder. Para hacerlo, necesita quemar energía, que extrae exactamente de la fricción social. Analicemos cómo esta monstruosa autopoiesis ha devorado a la sociedad.

3. El Mercado de la Fricción: Negligencia Médica e Industria Legal

Retomemos el cortocircuito de la “Medicina Defensiva” y de la cultura del litigio analizado anteriormente. Hemos demostrado cómo la pretensión del Riesgo Cero ha destruido la alianza entre médico y paciente. Pero cui prodest? ¿A quién beneficia?

No beneficia al paciente (que muere en listas de espera) y no beneficia al médico (que vive aterrorizado). Beneficia inmensamente a un tercer actor autopoiético: la industria del litigio legal y asegurador. Si la comunidad volviera de repente a confiar en sus médicos, aceptando las probabilidades de la biología (la resolución), la fricción colapsaría y esta gigantesca industria quebraría en 24 horas. La Máquina lo sabe. Por eso los poderosos lobbys presionan a los legisladores para que promulguen leyes cada vez más hipergarantistas. No buscan la Justicia; buscan gestionar e institucionalizar la fricción, asegurándose de que cada interacción humana se convierta en un expediente legal del que extraer honorarios.

4. El Criminal como “Activo” (Asset) y el Colapso del Valor Topológico

El mismo y exacto algoritmo extractivo se aplica al orden público. En la topología de la Máquina Vacía, el criminal ha dejado de ser una anomalía a erradicar. El patógeno se ha convertido en un “Activo Económico” (Asset). Es la materia prima que mantiene viva la industria de la justicia terapéutica.

Si el Estado permitiera a los anticuerpos sociales resolver los problemas (tolerancia cero en tiempo real), el suministro de esta materia prima se secaría. Para autorregenerarse, el sistema tiene una necesidad desesperada de que el criminal siga existiendo, sea arrestado, confiado a cooperativas de rehabilitación, liberado y luego arrestado de nuevo, en un ciclo infinito (revolving door) que alimenta al aparato. Las sentencias a favor del delincuente no son el error de un juez ingenuo: son el hardware que mantiene intacto el Activo.

Esta reducción a cero del Valor Topológico (Vt) es trágicamente visible en el teatro del orden público que se desencadena cada vez que las calles de París, Londres, Berlín o Roma arden por la guerrilla urbana. El escenario mediático se divide en dos falsas facciones:

  • La Izquierda (La Deriva Terapéutica): Toma partido por los manifestantes violentos, justificando saqueos y barricadas en nombre del “malestar” o el disenso.
  • La Derecha (La Falsa Contención): Defiende formalmente el uniforme, pero acepta de forma sumisa las reglas de enfrentamiento, negándose a romper los códigos garantistas que atan de manos a la policía.

Tanto la Derecha como la Izquierda mienten, porque ambas son cómplices de la Máquina Vacía. Ambas aceptan a priori la ideología de los derechos inalienables del agresor. Al poner en el mismo plano jurídico al policía (el glóbulo blanco) y al devastador (el virus), el sistema certifica la Simetría Letal.

Esta parálisis está respaldada por la intelectualidad académica. El sociólogo Didier Fassin, al analizar a la policía en las banlieues (suburbios), enmarca constantemente a los alborotadores como víctimas y a las fuerzas del orden como opresores racistas. Ignorando el Valor Topológico, Fassin sacrifica a los ciudadanos honestos, teorizando la inmunidad para quienes destruyen el Discontinuum social. En el extremo opuesto, la brillante intuición del filósofo Jean-Claude Michéa desenmascara esta traición: comprende que el devastador urbano no es un “rebelde”, sino un depredador hipercapitalista que extrae una ventaja destruyendo los bienes de sus propios vecinos. Michéa certifica que sin una sanción severa (la resolución), la civilización simplemente colapsa.

5. El Juego a la Masacre

Privada de la capacidad de “Resolución” a causa del dogma de los derechos humanos, la gestión del orden público degenera en un macabro juego a la masacre, una farsa en la que todos los actores operan por interés o cálculo autopoiético:

  • El Devastador (El Activo): Sabe perfectamente que es intocable. Conoce el algoritmo del garantismo y sabe que sus “derechos inalienables” lo devolverán a la calle en pocas horas. Extrae gratificación a coste cero.
  • El Policía (El Anticuerpo Paralizado): Sale a la calle con la angustia del burócrata. Sabe que si usa la fuerza estructural para resolver el problema, mañana será procesado por el mismo Estado que lo ha enviado. Así que se limita a “gestionar” pasivamente la plaza, recibiendo los golpes.
  • El Juez (El Funcionario de la Máquina): A salvo en su oficina, utiliza la balanza de los derechos abstractos para investigar el exceso de fuerza policial o para excarcelar a los devastadores, satisfaciendo su propio sentido de superioridad moral y alimentando el ciclo procedimental.
  • Los Medios y la Política (Los Extractores de Consenso): Necesitan desesperadamente que la plaza arda durante semanas en una baja intensidad crónica. Los medios extraen clics y audiencia de ello; los políticos construyen campañas electorales perpetuas sobre ello (la derecha grita sobre la inseguridad, la izquierda sobre el fascismo de los uniformes).

Conclusión: El Parásito que Devora al Huésped

La biología de la Autopoiesis cierra el cuadro clínico de la época contemporánea en Occidente. No nos enfrentamos a líderes estúpidos ni a leyes redactadas por descuido. Nos enfrentamos a un sistema que ha descubierto cómo la perenne gestión del caos es infinitamente más rentable que su resolución biológica.

Un aparato burocrático nacido para servir al hombre se ha vuelto autónomo, empezando a canibalizar a su propio organismo huésped. Exactamente como una célula tumoral que sigue multiplicándose para autoalimentarse, la Máquina Vacía no se da cuenta de que, al succionar toda la energía vital de la red y hacerla implosionar bajo el peso del Calor Tensorial (ΦHS), terminará inexorablemente matando a la Comunidad. Y cuando el huésped muere de asfixia, el parásito burocrático también perece con él. La toma de conciencia de esta mecánica extractiva y de su naturaleza parasitaria es el primer paso vital y quirúrgico para desmantelar el tumor.

Bibliografía

  • Fassin, D. (2011). La Force de l’ordre. Une anthropologie de la police des quartiers [La fuerza del orden. Una antropología de la policía de los barrios]. París: Le Seuil.
  • Luhmann, N. (1984). Soziale Systeme. Grundriß einer allgemeinen Theorie [Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general]. Frankfurt am Main: Suhrkamp.
  • Maturana, H. R., & Varela, F. J. (1973). De máquinas y seres vivos: autopoiesis: la organización de lo vivo. Santiago, Chile: Editorial Universitaria.
  • McGilchrist, I. (2009). The Master and His Emissary: The Divided Brain and the Making of the Western World [El maestro y su emisario: El cerebro dividido y la creación del mundo occidental]. New Haven: Yale University Press.
  • Michéa, J.-C. (2011). Le Complexe d’Orphée: La gauche, les gens ordinaires et la religion du progrès [El complejo de Orfeo: La izquierda, la gente común y la religión del progreso]. París: Climats.

Lascia una risposta

L'indirizzo email non verrà pubblicato.